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Perros - Cuando no paran de ‘hablar’

Perros - Cuando no paran de ‘hablar’

Articulos de perros - Todo es paz y tranquilidad en casa, la vida transcurre con total calma y serenidad… o eso es lo que se cree hasta que algún extraño se acerca a la puerta, toca el timbre, se escucha algún ruido extraño proveniente de la calle o simplemente, se le niega algún juguete al peludo integrante de la familia.

Muchos dueños tienen constantes problemas con sus mascotas debido a la dificultad que les representa el controlar los ladridos de la misma, sobretodo aquellas que viven en departamentos, pues las condiciones en las cuales los animales son aceptados en estos sitios, les prohíben molestar con ruidos fuertes a los demás inquilinos del lugar.

El primer paso para lograr ‘acomodarse’ a las necesidades de la mascota es entender el porqué de su ladrido, los sabuesos suelen ladrar cuando dan inicio a la caza, en un ambiente doméstico esto podría significar el comienzo de un juego de rastreo, perros de trabajo como los Alaska Malamut, Huskies y Alaskas pueden hacerlo como una manera de incitar a la manada, podría un excelente despertador para la familia o bien un anuncio de que es hora de salir a pasear.

El segundo paso es interpretar el ladrido y encontrar la causa, estas pueden ser muchas, desde inseguridad porque no sabe si estás, miedo, territorialidad o simple falta de socialización, esto es muy importante para saber cómo y cuándo corregir al animal, así como hacerle saber que no existe un motivo para entrar en modo defensivo en todos los casos.

Si la causa de los ladridos de tu perro es la soledad, la mejor manera de contrarrestar la misma, si no es posible pasar más tiempo en casa, es poner a su disposición una buena cantidad de juguetes de diversos tipos, así cuando se sienta solo o aburrido tendrá la oportunidad de entretenerse y no optará por comenzar el ritual del ladrido, intentando ‘llamar’ a su dueño.

Si la causa es el miedo, la mejor manera de evitar ese tipo de comportamiento ruidoso, es proporcionándole un ‘albergue’, una caja, casa o sitio especialmente elaborado para su comfort y seguridad (este sitio puede ser un área del clóset que sea exclusiva para la mascota), en caso de que el ruido exterior sea demasiado, el canino tendrá la oportunidad de ‘esconderse’ y evitar así el peligro del mundo exterior.

La socialización es parte fundamental para terminar con este problema, en caso de que sean territoriales deben aprender a defender su espacio pero también a compartirlo, si bien debe existir un lugar privado y especial para ellos, también deben tolerar que haya personas conviviendo pacíficamente a su alrededor, esto con el afán de evitar agresiones, sobretodo con niños pequeños y personas mayores, quienes muchas veces gustan de jugar o proporcionar cariño a las mascotas y pueden ser blanco fácil de un peludo que crea está siendo ‘invadido’ por ellos.

Por ningún motivo debe ser reforzada la mala conducta, el animal debe entender que no resolverá nada ladrando y que existen maneras de lograr su cometido, haciendo un ruido mínimo.

Se recomienda usar métodos correctivos como un ¡NO! Claro y fuerte, el uso de un aspersor de agua, el aislamiento temporal del animal, incluso, existen criadores que recomiendan en uso del collar electrónico, aunque son pocos quienes lo hacen por la naturaleza del producto.

El paso a seguir es evitar la violencia, pues podría generarse un trauma psicológico en el animal y ello derivaría, probablemente, en una mayor cantidad de ladridos, en vez de eso uno puede aprender a ‘jugar con la mente’ del animal, es decir, aprovechar los fines de semana y actuar de manera ‘normal’, ir al trabajo, volver a casa a pie y ‘cacharlo en la movida’, entenderá que su comportamiento no es premiado ni tolerado y comenzará a creer en la omnipresencia del dueño, con lo cual evitará manejarse de manera errónea.

Cuando el peludo evite ladrar en situaciones en las que normalmente lo haría, debe ser premiado, así entenderá que aquella es la manera de moverse en el mundo y la reproducirá, pues ello le provee de felicidad a su dueño, quien a su vez, lo colma de afecto.

Por último, recordar que la constancia es la clave en el entrenamiento de cualquier raza, la firmeza y la repetición de estas conductas serán lo que lleven a la familia humana y canina a tener una vida mucho más tranquila y feliz.

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