La urolitiasis es un término médico que se refiere a la presencia de piedras o cristales en el tracto urinario de un animal. Cuando las piedras se componen de ácido úrico, estas piedras se pueden encontrar en los riñones y en los tubos que conectan los riñones a la vejiga del animal (uréteres).
Si bien estas piedras pueden afectar a cualquier raza de perros, los dálmatas, bulldog inglés, y los Yorkshire terriers son más susceptibles a la enfermedad. También es más común en perros machos que en hembras, y por lo general aparece dentro de los primeros tres a cuatro años de vida.
Es muy probable que las piedras reaparezcan después del tratamiento, pero el pronóstico general es positivo.
Mientras que muchos perros no muestran signos de enfermedad, los síntomas más comunes suelen estar relacionados con orinar. Estos pueden incluir chorreo anormal de orina, dificultad para orinar (disuria), sangre en la orina, orina turbia, y finalmente, la incapacidad total para orinar (anuria).
Los perros que tienen conexiones anormales del vaso sanguíneo principal en el hígado, llamada derivación portosistémica, tienen una incidencia mayor para desarrollar este tipo de cálculos en el tracto urinario. Una dieta que consista de grandes cantidades de purinas - se encuentran en carne, aves, y pescado - también pueden causar esta condición.
La ecografía se realiza a menudo para determinar el tamaño, forma, y ubicación de las piedras. Esto ayudará a su veterinario para determinar un régimen de tratamiento adecuado. También se realiza un análisis de sangre para determinar si hay alguna condición médica subyacente que cause la formación de piedras.
Si su perro es incapaz de orinar debido a una obstrucción, la cirugía es a menudo necesaria. En caso de que el perro tenga una conexión anormal entre los vasos sanguíneos principales y el hígado - como se mencionó anteriormente - la cirugía se puede realizar para abrir una nueva ruta y permitir el flujo de sangre.
A veces se recetan medicamentos para disolver los cálculos, este método toma alrededor de cuatro semanas para resolver totalmente la situación.
Para controlar la recurrencia de cálculos, se deben realizar ultrasonidos y rayos X cada dos a seis meses. Si se detecta a tiempo, las piedras son generalmente fáciles de tratar sin la necesidad de cirugía.
Una dieta baja en purinas ha mostrado cierta promesa en la prevención de la formación de estas piedras.